En octubre de 2025 realizamos el Encuentro de Copartes “La esperanza, territorio común”, en el marco del quinto aniversario de Acento. Lo convocamos para abrir un espacio de diálogo estratégico frente a un contexto financiero, político y normativo cada vez más restrictivo para los movimientos sociales.
Un espacio diverso y situado
Nos reunimos 67 personas de distintas regiones del país, provenientes de agendas diversas de derechos humanos, participación ciudadana y justicia social. Participaron organizaciones con trayectorias consolidadas y otras en etapas iniciales, liderazgos indígenas, campesinos y afromexicanos, colectivas de mujeres, juventudes organizadas y defensoras del territorio. Fue también un espacio intergeneracional que permitió cruzar experiencias, aprendizajes y perspectivas.
Durante tres días generamos condiciones para pensar juntas, más allá de la urgencia cotidiana.
Tres campos para pensar el presente
Las conversaciones se organizaron en torno a tres ejes prioritarios:
- Autocuidado, cuidado colectivo y seguridad.
- Financiamiento y sostenibilidad.
- Estrategias de lucha e incidencia.
En cada uno de ellos compartimos diagnósticos, tensiones y preocupaciones, pero también prácticas emergentes y rutas posibles. El intercambio confirmó que el momento exige revisar modelos de trabajo, repensar la relación entre organizaciones y fondos, y construir vínculos menos centrados en la vigilancia de los recursos y más orientados a la corresponsabilidad y la colaboración.
Comunidad política en construcción
El Encuentro fue también una experiencia de afirmación colectiva. Celebramos los logros alcanzados, reconocimos las resistencias sostenidas y reforzamos la convicción de que el trabajo por la justicia no se hace en solitario.
Concluimos con una certeza compartida, que la articulación no es un mero gesto simbólico, es una estrategia de supervivencia y transformación. Lo que se fortaleció ahí fue algo más que una red, fue toda una comunidad política sostenida en afectos, aprendizajes y solidaridad activa.
Lo que aprendimos y lo que nos llevamos
El Encuentro dejó aprendizajes compartidos y compromisos concretos.
1. Un punto de inflexión común
Confirmamos que la filantropía y los movimientos sociales atraviesan un momento de reconfiguración profunda. Sí, persiste la escasez de recursos, pero aparece como central la necesidad de revisar modelos de organización, sostenibilidad y alianza.
2. La urgencia de tejer redes reales
Identificamos la necesidad de canalizar energía y recursos —económicos, técnicos y políticos— hacia la construcción de redes de solidaridad e intercambio que aún no están plenamente materializadas. La articulación no puede quedarse en intención, requiere inversión deliberada.
3. Innovar también es una responsabilidad filantrópica
Surgió con claridad que muchas de las ideas necesarias para sostener los movimientos aún no han sido probadas. Para que esas apuestas emerjan, necesitan respaldo. La filantropía debe asumir el papel de financiar la experimentación y acompañar nuevas formas de colaboración.
4. Energía política y vínculos fortalecidos
Las copartes señalaron que el Encuentro fue un espacio fértil para recargar energía emocional y política. Se fortalecieron relaciones, se identificaron convergencias entre luchas diversas y surgieron ideas concretas que cada organización puede llevar de regreso a su trabajo.
Nuestro compromiso
Desde Acento asumimos la responsabilidad de impulsar y acompañar algunas de las iniciativas que emergieron en estos días. El Encuentro fue apenas el inicio de procesos que requieren seguimiento, recursos y continuidad.